
Un pensamiento de un obispo anglicano de la Abadía de Westminster:
“Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Cuando me volví más viejo y sabio descubrí que el mundo no cambiaría, así que acorté mis anhelos un poco y decidí cambiar sólo mi país. Pero este también parecía inmutable. Cuando entré en el ocaso de mi vida, en un último y desesperado intento decidí sólo cambiar mi familia, a los que estaban más cerca de mí, pero igualmente ellos no cambiarían. Y ahora, mientras me encuentro en mi lecho de muerte, repentinamente me doy cuenta: Si hubiera podido cambiarme a mí mismo, entonces por el ejemplo habría cambiado mi familia. Por su inspiración y valor hubiera entonces podido cambiar mi país, y a lo mejor hubiera podido cambiar al mundo”
(Canfield/Hansen, “Comienza Contigo Mismo,” Sopa de Pollo para el Alma, 72).
1 comentario:
Me recuerda cuando La Nube se movía, Moisés se movía y así mismo el pueblo, pero DIOS le dijo a Josué: a donde sea que vallas allí iré YO. Muevete y Dios hará, no te muevas y solo te mirará.
Publicar un comentario